La empatía en tiempos de crisis

Llevamos algunas semanas acostumbrándonos a este nuevo e histórico escenario de pandemia y estado de catástrofe. Vemos ciudades vacías, mercados cerrados, estamos obligados a trabajar y estudiar desde casa.

Esta situación de aislamiento implica algo aun peor: la separación física de nuestros amigos, de algunos familiares, de nuestros compañeros de trabajo. Nos estamos sintiendo solos, con mas incertidumbres y miedos ante una amenaza inminente, irritables y con angustia por el futuro. Todas estas emociones  generan en nuestro cuerpo un evidente cansancio psicológico y corporal.

Pero a la vez este aislamiento que en algunas personas ha generado una necesaria introspección,  también nos ha sensibilizado respecto de la conducta del otro mas cercano. Una sensibilidad respecto con quien vivimos, hacia nuestros vecinos, hacia las figuras públicas que aparecen en los medios e incluso hacia aquel desconocido/a que vemos a lo lejos en las calles. 

Muchas de las reacciones que antes pasaban desapercibidas hoy las observamos para bien o para mal de acuerdo a nuestro actual estado de ánimo. Estamos juzgando y juzgándonos. Y es que las crisis nos vuelven temerosos y frágiles. Todas las conductas o modos que son usuales en nosotros se intensifican resultándonos inapropiadas e incluso vistas como debilidades.

Nuria Pedrals

Para graficar lo anterior, Jung con su teoría de los tipos psicológicos plantea que las personas se dividen en extrovertidos e introvertidos de acuerdo a su disposición general con el ambiente exterior y la manera que recuperan su energía para seguir funcionando adecuadamente. Los extrovertidos necesitan el contacto con las personas y una variedad de actividades para desenvolverse. Esto los llena de energía. Por el contrario, los introvertidos para recuperarse requieren de un espacio propio, el silencio o la conversación calmada con un solo confidente.  Frente al stress de la crisis, estos estilos se intensifican. Los extrovertidos se vuelcan hacia las redes sociales, el teléfono, constantes videollamadas u otros mecanismo para encontrar el contacto que tanto necesitan.

El introvertido retrocede aun mas en su mundo interior, escabullendo el contacto, retrayendo el habla y acudiendo al vínculo social solo cuando es estrictamente necesario. Desde una mirada exterior estos tipos intensificados pueden parecernos hiperactivados o bien desconectados. Y es en este contexto donde la empatía surge como una de las virtudes mas necesarias para enfrentar el prejuicio y desarrollar la comprensión del ser y actuar propio y de los demás. En tiempo de crisis las reacciones del otro deben entenderse bajo un prisma de empatía y autoconocimiento: en la medida que me conozco a mi mismo puedo entender que el otro reacciona como lo hace porque también tiene miedo, porque también siente la amenaza, porque también quiere protegerse.

Mas que nunca en tiempos difíciles necesitamos comprensión, una preocupación genuina por los demás, paciencia y cooperación en todo aquello que nos resulta difícil. Debemos con urgencia aprender a mirarnos con compasión y paciencia. Para ello es necesario partir por calmar nuestra mente, sacudirla de todos los pensamientos negativos que la llenan por minuto y salir de nuestros miedos.

Al sacar lo malo se abre un espacio para el otro; logramos estar disponibles para los otros, para quien vive a nuestro lado, para aquel que trabaja conmigo, para nuestros vecinos, para los servidores públicos y todos aquellos que están en la primera línea enfrentando esta urgencia.

 Actualmente los profesionales de la salud requieren mas que nunca conectarse desde la empatía genuina y generosa. El temor por contagiarse a sí mismos o a sus familias esta muy presente. Pese aquello, médicos, enfermeras y auxiliares se abren a cuidar al otro entendiendo tanto el dolor de la enfermedad como el estado emocional del paciente.

Es un acto de compasión hacia el otro que está en la esencia de la vocación: en la mirada, en la voz calmada con el enfermo y hacia el equipo, en la seguridad con la que actúa y comunica con honestidad lo que esta ocurriendo.  En esa tranquilidad maravillosa de saber  que esta entregando aquello que le da tanto sentido a su vida .

Porque en tiempos difíciles lo que nos debe conectar como personas es esa sensación de común humanidad, que estamos vivos para construir relaciones positivas y colaborar con el bien común. Tranquilizar y ayudar al otro no queda en manos solo del personal de salud, también está en nuestras manos, en las manos de todos, porque  al final del día son muchas mas los cosas que nos unen que las que nos separan.

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